fuego
¿Te doy mi correo y me las envías? Con dos o más palabras sonrió y los demás callaron. Casi eran las 12 de la noche, faltaba poco, comenzaba a llover y las gotas no apagaban el fuego del suelo al aire. Habían pasado ya los perros y las luces eran más que hacía 6 horas. La plaza era de todos, con un euro y cuarenta céntimos también era mía, y de ella que se sentaba a mi lado. Imaginaba que con llamas dejaría de llover pronto. Aquí arrancaban las luces que me dejaron por más del tiempo que esperaba quedarme. Mañana seguramente llegaría tarde al trabajo, qué más da; había fuego en la plaza y juego, juego que empezaba en cada truco que ellos esa noche montaban. Ángel, Luc, Flo y yo. Otoño del 2005.